Los movimientos migratorios constituyen uno de los principales retos globales en la era contemporánea. En la actualidad, más de 272 millones de personas (3,5% de la población mundial) viven fuera de sus países en la búsqueda de mejores condiciones de vida. Por este motivo, la gobernanza mundial ha liderado grandes esfuerzos para garantizar una migración ordenada y segura con la formulación de estrategias que guíen el diseño de políticas nacionales. En el caso de América Latina y el Caribe, la migración de más de 40 millones de sus ciudadanos representa grandes desafíos no sólo para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas, sino también para capitalizar los beneficios del movimiento de capital humano. Para ello, los programas de desarrollo productivo orientados a impulsar la diversificación y la competitividad constituyen una plataforma valiosa. Los diversos perfiles educativos, experiencias y Know how permiten ensanchar las capacidades productivas del país receptor, impulsar su crecimiento y aprovechar los beneficios del bono demográfico. En los países de origen, las remesas y la transferencia de tecnología son grandes recursos para reactivar la actividad económica. De esta manera, para lograr los impactos económicos deseados de la migración se debe priorizar una agenda de cambios institucionales orientados a garantizar un tratamiento coherente e integral de la política migratoria y actualizar los sistemas regulatorios en armonía con los objetivos económicos.

Oscar Hernández (Coordinador)

Director de Relaciones para la Integración y Cooperación. Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA)

Eduardo Piña

Especialista de Estudios y Propuestas. Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA)


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